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Delante de la cámara

Tu primera sesión: ¿qué hago con las manos?

No necesitas llegar con veinte poses aprendidas. Unos pequeños movimientos suelen funcionar mejor.

Mujer sentada en el estudio con una mano apoyada cerca del rostro
Sentarse y apoyar una mano cerca del rostro puede ser un punto de partida. No hace falta llegar con una pose ensayada.

Las manos suelen ser lo primero que nos molesta cuando aparece una cámara. De repente no sabemos dónde ponerlas. Si te pasa, empieza por algo pequeño: apoyar una mano, tocar suavemente la chaqueta o dejar un brazo suelto. No hace falta ocupar las dos manos a la vez.

No te quedes clavado

Prueba a cargar el peso en una pierna y gira un poco el cuerpo. Después cambia de lado. Son ajustes pequeños, no una coreografía. Si una postura te incomoda, se cambia: aguantarla no va a hacer mejor la foto.

Afloja antes de mirar

Baja los hombros, suelta la mandíbula y respira. Puedes mirar a un lado y volver hacia la cámara cuando te lo indiquen. Eso ayuda a no mantener la misma expresión demasiado tiempo.

Dale algo que hacer al cuerpo

Un paso lento, apartarte el pelo o acomodar una manga puede ser suficiente. Haz el gesto de verdad, sin exagerarlo para la foto. Y deja un momento entre movimientos; no tienes que cambiar de pose cada segundo.

Di lo que no te encaja

Si no te reconoces en una pose o no quieres una sonrisa, dilo. Una sesión no consiste en aprobar un examen de fotogenia. Mi consejo es llegar con una idea del estilo que te gusta, no con la obligación de saber hacerlo todo.

Antes de la sesión puedes probar dos o tres gestos frente al espejo. Un rato basta. Guarda las ganas para cuando estemos haciendo las fotos.

Retrato cercano de una mujer con una mano junto a la barbilla y una flor en el pelo
Un pequeño gesto con la mano cambia el retrato sin tener que mover todo el cuerpo.